Muy Historia Especial | Colección II Guerra Mundial núm. 37

Hay un arma a la que los pilotos de la Luftwaffe temen más que a ninguna otra: los Spitfires británicos. Gracias a un ingenioso diseño y a sus potentes motores Rolls Royce –y, sobre todo, a la entrega y el sacrificio de una legión de valientes pilotos–, los rápidos y maniobrables nuevos cazas frustran la ambición de Hitler de poner de rodillas al Reino Unido.

Alemania se ve entonces obligada a desarrollar armas más poderosas. Los cohetes V–1 y V–2 (predecesores de la nave Saturno V, que llevó al hombre a la Luna) caen sobre Londres. Mientras, el supercañón Schwerer Gustav, de 1.300 toneladas, dispara a 47 kilómetros de distancia.

Pero ninguno de estos colosos evita la derrota nazi. Con bombarderos como el Mosquito, que se ensambla igual que una pieza de bricolaje, los aliados van destruyendo poco a poco el Tercer Reich. Y, en 1945, la bomba atómica obliga a Japón a izar la bandera blanca. Este número pasa revista a las armas más imaginativas que salieron de la mente de los diseñadores. Si bien no respondieron todas con la misma eficacia, forman un catálogo apasionante. ¡Buena lectura!

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