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Verbum-Antonio Machado | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 70

9,99 €

Hay existencias

ESTOS DÍAS AZULES Y ESTE SOL DE LA INFANCIA…
Profundamente emocionada os presento esta revista coordinada de forma magistral por Javier Blasco, gran conocedor de la obra machadiana y que ha sabido reunir en ella a los grandes expertos y expertas en el poeta, como si se tratase de un rico y prolongado diálogo en torno a una sobremesa mediterránea. ¿Qué podemos decir de nuestro poeta? Antonio Machado camina despacio, con los ojos hondos de quien ha mirado de frente a la vida. Su voz, serena y desgarrada, supo unir el temblor íntimo del alma con la tierra seca de Castilla, el misterio del tiempo con la memoria del pueblo. En Soledades, en Campos de Castilla, en Nuevas canciones puso palabras a la nostalgia, al amor que no se olvida, al hombre que duda y sigue caminando, aunque duela. Pero Machado no fue solo un poeta del alma: fue también un ciudadano lúcido y valiente. Cuando España se partió en dos, eligió estar del lado de los vencidos, de la justicia, de la esperanza. Su exilio en Colliure, su muerte humilde lejos de casa, sellaron con dignidad el compromiso ético de toda una vida. No buscó el oropel ni la retórica, sino la verdad sencilla de las cosas. Hoy rendimos tributo a Machado, quien además de un fértil un poeta, es un espejo. Nos devuelve la imagen de lo que somos cuando amamos, cuando pensamos, cuando resistimos con ternura. Sus versos —claros, hondos, sin alardes— siguen latiendo, como una respiración que acompaña y consuela. Leer a Machado es también aprender a vivir con elegancia y con coraje. Disfruta de la lectura.

Verbum-Antonio Machado | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 70

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Profundamente emocionada os presento esta revista coordinada de forma magistral por Javier Blasco, gran conocedor de la obra machadiana y que ha sabido reunir en ella a los grandes expertos y expertas en el poeta, como si se tratase de un rico y prolongado diálogo en torno a una sobremesa mediterránea. ¿Qué podemos decir de nuestro poeta? Antonio Machado camina despacio, con los ojos hondos de quien ha mirado de frente a la vida. Su voz, serena y desgarrada, supo unir el temblor íntimo del alma con la tierra seca de Castilla, el misterio del tiempo con la memoria del pueblo. En Soledades, en Campos de Castilla, en Nuevas canciones puso palabras a la nostalgia, al amor que no se olvida, al hombre que duda y sigue caminando, aunque duela. Pero Machado no fue solo un poeta del alma: fue también un ciudadano lúcido y valiente. Cuando España se partió en dos, eligió estar del lado de los vencidos, de la justicia, de la esperanza. Su exilio en Colliure, su muerte humilde lejos de casa, sellaron con dignidad el compromiso ético de toda una vida. No buscó el oropel ni la retórica, sino la verdad sencilla de las cosas. Hoy rendimos tributo a Machado, quien además de un fértil un poeta, es un espejo. Nos devuelve la imagen de lo que somos cuando amamos, cuando pensamos, cuando resistimos con ternura. Sus versos —claros, hondos, sin alardes— siguen latiendo, como una respiración que acompaña y consuela. Leer a Machado es también aprender a vivir con elegancia y con coraje. Disfruta de la lectura.

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Profundamente emocionada os presento esta revista coordinada de forma magistral por Javier Blasco, gran conocedor de la obra machadiana y que ha sabido reunir en ella a los grandes expertos y expertas en el poeta, como si se tratase de un rico y prolongado diálogo en torno a una sobremesa mediterránea. ¿Qué podemos decir de nuestro poeta? Antonio Machado camina despacio, con los ojos hondos de quien ha mirado de frente a la vida. Su voz, serena y desgarrada, supo unir el temblor íntimo del alma con la tierra seca de Castilla, el misterio del tiempo con la memoria del pueblo. En Soledades, en Campos de Castilla, en Nuevas canciones puso palabras a la nostalgia, al amor que no se olvida, al hombre que duda y sigue caminando, aunque duela. Pero Machado no fue solo un poeta del alma: fue también un ciudadano lúcido y valiente. Cuando España se partió en dos, eligió estar del lado de los vencidos, de la justicia, de la esperanza. Su exilio en Colliure, su muerte humilde lejos de casa, sellaron con dignidad el compromiso ético de toda una vida. No buscó el oropel ni la retórica, sino la verdad sencilla de las cosas. Hoy rendimos tributo a Machado, quien además de un fértil un poeta, es un espejo. Nos devuelve la imagen de lo que somos cuando amamos, cuando pensamos, cuando resistimos con ternura. Sus versos —claros, hondos, sin alardes— siguen latiendo, como una respiración que acompaña y consuela. Leer a Machado es también aprender a vivir con elegancia y con coraje. Disfruta de la lectura.