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Cátaros | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 61

9,99 €

Hay existencias

La Edad Media, lejos de ser una época monótona y estancada, estuvo repleta de cambios, tensiones y movimientos que desafiaron el statu quo. De hecho, durante el siglo xii, surgieron corrientes que pusieron en entredicho la autoridad absoluta de la Iglesia, alzándose como voces de disidencia frente a un credo impuesto con rigidez. Uno de los grupos más significativos de esta época fueron los cátaros, movimiento que tuvo su epicentro en el Languedoc, en el condado de Tolosa, abarcando desde Agen hasta Béziers, y de los Pirineos a Albi (por esto, también se les conoció como albigenses).
Aunque el término proviene del griego katharos, que significa «puro», fue usado de forma despectiva por sus detractores por lo que ellos mismos preferían llamarse «buenos hombres» y «buenas mujeres». En cualquier caso, se consideraban herederos de la «Iglesia de los Apóstoles », aspiraban a una espiritualidad cercana a la de los primeros cristianos y criticaban con dureza la ostentación, corrupción y autoritarismo del clero. Abogaban por una vida austera, basada en la pobreza, la castidad y el trabajo artesanal, valores que calaron entre la burguesía y la nobleza descontenta del Languedoc, y entre un pueblo llano harto del sistema feudal. El éxito de su mensaje encendió las alarmas en Roma. La expansión del catarismo, que algunos llamaron «la herejía más perfecta», llevó a la Iglesia a tomar medidas extremas: en 1209, el papa Inocencio III promovió la llamada cruzada albigense, la primera campaña militar dirigida contra un grupo cristiano en tierras europeas, que culminó en una represión brutal. En este número, exploramos la complejidad del movimiento cátaro y de otros levantamientos: valdenses, husitas, dulcinistas, arrianistas, templarios…; y te invitamos a reflexionar sobre la lucha entre fe, poder y cambio. Como dijo Dante Alighieri: «El camino al paraíso comienza en el infierno». Disfruta de la lectura.

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La Edad Media, lejos de ser una época monótona y estancada, estuvo repleta de cambios, tensiones y movimientos que desafiaron el statu quo. De hecho, durante el siglo xii, surgieron corrientes que pusieron en entredicho la autoridad absoluta de la Iglesia, alzándose como voces de disidencia frente a un credo impuesto con rigidez. Uno de los grupos más significativos de esta época fueron los cátaros, movimiento que tuvo su epicentro en el Languedoc, en el condado de Tolosa, abarcando desde Agen hasta Béziers, y de los Pirineos a Albi (por esto, también se les conoció como albigenses).
Aunque el término proviene del griego katharos, que significa «puro», fue usado de forma despectiva por sus detractores por lo que ellos mismos preferían llamarse «buenos hombres» y «buenas mujeres». En cualquier caso, se consideraban herederos de la «Iglesia de los Apóstoles », aspiraban a una espiritualidad cercana a la de los primeros cristianos y criticaban con dureza la ostentación, corrupción y autoritarismo del clero. Abogaban por una vida austera, basada en la pobreza, la castidad y el trabajo artesanal, valores que calaron entre la burguesía y la nobleza descontenta del Languedoc, y entre un pueblo llano harto del sistema feudal. El éxito de su mensaje encendió las alarmas en Roma. La expansión del catarismo, que algunos llamaron «la herejía más perfecta», llevó a la Iglesia a tomar medidas extremas: en 1209, el papa Inocencio III promovió la llamada cruzada albigense, la primera campaña militar dirigida contra un grupo cristiano en tierras europeas, que culminó en una represión brutal. En este número, exploramos la complejidad del movimiento cátaro y de otros levantamientos: valdenses, husitas, dulcinistas, arrianistas, templarios…; y te invitamos a reflexionar sobre la lucha entre fe, poder y cambio. Como dijo Dante Alighieri: «El camino al paraíso comienza en el infierno». Disfruta de la lectura.

La Edad Media, lejos de ser una época monótona y estancada, estuvo repleta de cambios, tensiones y movimientos que desafiaron el statu quo. De hecho, durante el siglo xii, surgieron corrientes que pusieron en entredicho la autoridad absoluta de la Iglesia, alzándose como voces de disidencia frente a un credo impuesto con rigidez. Uno de los grupos más significativos de esta época fueron los cátaros, movimiento que tuvo su epicentro en el Languedoc, en el condado de Tolosa, abarcando desde Agen hasta Béziers, y de los Pirineos a Albi (por esto, también se les conoció como albigenses).
Aunque el término proviene del griego katharos, que significa «puro», fue usado de forma despectiva por sus detractores por lo que ellos mismos preferían llamarse «buenos hombres» y «buenas mujeres». En cualquier caso, se consideraban herederos de la «Iglesia de los Apóstoles », aspiraban a una espiritualidad cercana a la de los primeros cristianos y criticaban con dureza la ostentación, corrupción y autoritarismo del clero. Abogaban por una vida austera, basada en la pobreza, la castidad y el trabajo artesanal, valores que calaron entre la burguesía y la nobleza descontenta del Languedoc, y entre un pueblo llano harto del sistema feudal. El éxito de su mensaje encendió las alarmas en Roma. La expansión del catarismo, que algunos llamaron «la herejía más perfecta», llevó a la Iglesia a tomar medidas extremas: en 1209, el papa Inocencio III promovió la llamada cruzada albigense, la primera campaña militar dirigida contra un grupo cristiano en tierras europeas, que culminó en una represión brutal. En este número, exploramos la complejidad del movimiento cátaro y de otros levantamientos: valdenses, husitas, dulcinistas, arrianistas, templarios…; y te invitamos a reflexionar sobre la lucha entre fe, poder y cambio. Como dijo Dante Alighieri: «El camino al paraíso comienza en el infierno». Disfruta de la lectura.