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El Greco| Muy Arte Ed. Coleccionista nº 18

9,99 

Hay existencias

Tocando el cielo

Doménikos Theotokópoulos nunca dejó de ser del todo el hijo de Creta. Tras los movimientos de su pincel permaneció siempre la huella del icono bizantino, una forma de entender la pintura no como representación de la realidad, sino como una ventana hacia una dimensión donde lo espiritual importa más que las leyes de la anatomía. En su figura se encuentran Oriente y Occidente a lo largo de una vida de aprendizaje y transformación que forjó a uno de los artistas más originales de la historia del arte, El Greco (1541-1614). En Venecia descubrió la fuerza del color, en Roma midió su ambición frente a Miguel Ángel y a los grandes debates del Renacimiento, y en Toledo encontró, por fin, el escenario donde su lenguaje pudo desplegarse con absoluta libertad. Allí surgieron sus figuras alargadas y dramáticas —cuerpos que se alargan como llamas queriendo tocar el cielo— en posturas casi imposibles, que rompen con el naturalismo del Renacimiento, su técnica al servicio de un horror vacui que le impide dejar un solo espacio vacío, sus cielos tormentosos, sus luces imposibles y esa espiritualidad que convierte cada lienzo en una alucinación mística. También en Toledo creó algunos
de los retratos más admirados del Siglo de Oro y organizó un taller familiar capaz de difundir su estilo sin diluir la personalidad del maestro. Paradójicamente, aquello que hoy admiramos El Greco fue durante siglos motivo de incomprensión. Sus figuras parecían deformes, su color antinatural, su espiritualidad excesiva… Errores de un griego con problemas de visión, un imitador fallido de Tiziano, un loco del pincel. Pero, no, El Greco no veía mal, veía el futuro. Solo a finales del siglo XIX artistas como Cézanne, Picasso y los expresionistas alemanes comprendieron hasta qué punto aquel pintor del Renacimiento había anticipado problemas esenciales de la modernidad. Este número recorre todas esas facetas: el iconógrafo cretense, el discípulo de Italia, el pintor de Toledo, el místico, el retratista, el maestro de taller. Bienvenidos a su mundo.

El Greco| Muy Arte Ed. Coleccionista nº 18

9,99 

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Tocando el cielo

Doménikos Theotokópoulos nunca dejó de ser del todo el hijo de Creta. Tras los movimientos de su pincel permaneció siempre la huella del icono bizantino, una forma de entender la pintura no como representación de la realidad, sino como una ventana hacia una dimensión donde lo espiritual importa más que las leyes de la anatomía. En su figura se encuentran Oriente y Occidente a lo largo de una vida de aprendizaje y transformación que forjó a uno de los artistas más originales de la historia del arte, El Greco (1541-1614). En Venecia descubrió la fuerza del color, en Roma midió su ambición frente a Miguel Ángel y a los grandes debates del Renacimiento, y en Toledo encontró, por fin, el escenario donde su lenguaje pudo desplegarse con absoluta libertad. Allí surgieron sus figuras alargadas y dramáticas —cuerpos que se alargan como llamas queriendo tocar el cielo— en posturas casi imposibles, que rompen con el naturalismo del Renacimiento, su técnica al servicio de un horror vacui que le impide dejar un solo espacio vacío, sus cielos tormentosos, sus luces imposibles y esa espiritualidad que convierte cada lienzo en una alucinación mística. También en Toledo creó algunos
de los retratos más admirados del Siglo de Oro y organizó un taller familiar capaz de difundir su estilo sin diluir la personalidad del maestro. Paradójicamente, aquello que hoy admiramos El Greco fue durante siglos motivo de incomprensión. Sus figuras parecían deformes, su color antinatural, su espiritualidad excesiva… Errores de un griego con problemas de visión, un imitador fallido de Tiziano, un loco del pincel. Pero, no, El Greco no veía mal, veía el futuro. Solo a finales del siglo XIX artistas como Cézanne, Picasso y los expresionistas alemanes comprendieron hasta qué punto aquel pintor del Renacimiento había anticipado problemas esenciales de la modernidad. Este número recorre todas esas facetas: el iconógrafo cretense, el discípulo de Italia, el pintor de Toledo, el místico, el retratista, el maestro de taller. Bienvenidos a su mundo.

Tocando el cielo

Doménikos Theotokópoulos nunca dejó de ser del todo el hijo de Creta. Tras los movimientos de su pincel permaneció siempre la huella del icono bizantino, una forma de entender la pintura no como representación de la realidad, sino como una ventana hacia una dimensión donde lo espiritual importa más que las leyes de la anatomía. En su figura se encuentran Oriente y Occidente a lo largo de una vida de aprendizaje y transformación que forjó a uno de los artistas más originales de la historia del arte, El Greco (1541-1614). En Venecia descubrió la fuerza del color, en Roma midió su ambición frente a Miguel Ángel y a los grandes debates del Renacimiento, y en Toledo encontró, por fin, el escenario donde su lenguaje pudo desplegarse con absoluta libertad. Allí surgieron sus figuras alargadas y dramáticas —cuerpos que se alargan como llamas queriendo tocar el cielo— en posturas casi imposibles, que rompen con el naturalismo del Renacimiento, su técnica al servicio de un horror vacui que le impide dejar un solo espacio vacío, sus cielos tormentosos, sus luces imposibles y esa espiritualidad que convierte cada lienzo en una alucinación mística. También en Toledo creó algunos
de los retratos más admirados del Siglo de Oro y organizó un taller familiar capaz de difundir su estilo sin diluir la personalidad del maestro. Paradójicamente, aquello que hoy admiramos El Greco fue durante siglos motivo de incomprensión. Sus figuras parecían deformes, su color antinatural, su espiritualidad excesiva… Errores de un griego con problemas de visión, un imitador fallido de Tiziano, un loco del pincel. Pero, no, El Greco no veía mal, veía el futuro. Solo a finales del siglo XIX artistas como Cézanne, Picasso y los expresionistas alemanes comprendieron hasta qué punto aquel pintor del Renacimiento había anticipado problemas esenciales de la modernidad. Este número recorre todas esas facetas: el iconógrafo cretense, el discípulo de Italia, el pintor de Toledo, el místico, el retratista, el maestro de taller. Bienvenidos a su mundo.