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Faraones | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 83

9,99 

Hay existencias

El sueño de Egipto.
Ninguna civilización ha sabido construir la eternidad como Egipto. Durante tres milenios, a orillas de un río que desafiaba al desierto, una sucesión de hombres y mujeres extraordinarios gobernaron el mundo conocido con una mezcla de poder divino, astucia política y ambición desmedida. Desde los orígenes nebulosos del Imperio Antiguo hasta la caída definitiva con Cleopatra VII, la última reina del Nilo, recorremos en estas páginas una historia apasionante y llena de contradicciones. Nos adentramos en la revolución religiosa de Akenatón, que quiso borrar a los dioses de un plumazo; la grandiosidad sin límites de Ramsés II, que mandó esculpir su victoria en cada templo de Egipto; el enigma de Tutankamón, un niño-rey cuya tumba guardó el mayor secreto arqueológico del siglo xx; y el drama de Ramsés III, degollado por su propia familia.Pero los faraones no fueron solo dioses de piedra y oro, fueron también estrategas,
constructores, reformadores y, en ocasiones, víctimas de las mismas intrigas que ellos mismos alimentaron. Detrás de cada gran nombre del Antiguo Egipto late una historia humana: la de alguien que cargó con el peso de un imperio sobre los hombros y, aun así, quiso que su nombre perdurase para siempre. Tenía razón Gustave Flaubert, uno de los grandes novelistas franceses del siglo xix, cuando escribió, tras su viaje al país del Nilo: «Egipto no es un país, es un sueño que dura tres mil años». Bienvenidos a ese sueño.

Faraones | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 83

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El sueño de Egipto.
Ninguna civilización ha sabido construir la eternidad como Egipto. Durante tres milenios, a orillas de un río que desafiaba al desierto, una sucesión de hombres y mujeres extraordinarios gobernaron el mundo conocido con una mezcla de poder divino, astucia política y ambición desmedida. Desde los orígenes nebulosos del Imperio Antiguo hasta la caída definitiva con Cleopatra VII, la última reina del Nilo, recorremos en estas páginas una historia apasionante y llena de contradicciones. Nos adentramos en la revolución religiosa de Akenatón, que quiso borrar a los dioses de un plumazo; la grandiosidad sin límites de Ramsés II, que mandó esculpir su victoria en cada templo de Egipto; el enigma de Tutankamón, un niño-rey cuya tumba guardó el mayor secreto arqueológico del siglo xx; y el drama de Ramsés III, degollado por su propia familia.Pero los faraones no fueron solo dioses de piedra y oro, fueron también estrategas,
constructores, reformadores y, en ocasiones, víctimas de las mismas intrigas que ellos mismos alimentaron. Detrás de cada gran nombre del Antiguo Egipto late una historia humana: la de alguien que cargó con el peso de un imperio sobre los hombros y, aun así, quiso que su nombre perdurase para siempre. Tenía razón Gustave Flaubert, uno de los grandes novelistas franceses del siglo xix, cuando escribió, tras su viaje al país del Nilo: «Egipto no es un país, es un sueño que dura tres mil años». Bienvenidos a ese sueño.

El sueño de Egipto.
Ninguna civilización ha sabido construir la eternidad como Egipto. Durante tres milenios, a orillas de un río que desafiaba al desierto, una sucesión de hombres y mujeres extraordinarios gobernaron el mundo conocido con una mezcla de poder divino, astucia política y ambición desmedida. Desde los orígenes nebulosos del Imperio Antiguo hasta la caída definitiva con Cleopatra VII, la última reina del Nilo, recorremos en estas páginas una historia apasionante y llena de contradicciones. Nos adentramos en la revolución religiosa de Akenatón, que quiso borrar a los dioses de un plumazo; la grandiosidad sin límites de Ramsés II, que mandó esculpir su victoria en cada templo de Egipto; el enigma de Tutankamón, un niño-rey cuya tumba guardó el mayor secreto arqueológico del siglo xx; y el drama de Ramsés III, degollado por su propia familia.Pero los faraones no fueron solo dioses de piedra y oro, fueron también estrategas,
constructores, reformadores y, en ocasiones, víctimas de las mismas intrigas que ellos mismos alimentaron. Detrás de cada gran nombre del Antiguo Egipto late una historia humana: la de alguien que cargó con el peso de un imperio sobre los hombros y, aun así, quiso que su nombre perdurase para siempre. Tenía razón Gustave Flaubert, uno de los grandes novelistas franceses del siglo xix, cuando escribió, tras su viaje al país del Nilo: «Egipto no es un país, es un sueño que dura tres mil años». Bienvenidos a ese sueño.