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Federico García Lorca | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 92

9,99 

Hay existencias

Vida, muerte y leyenda

Noventa años. Casi un siglo desde que unos disparos en la madrugada del 18 de agosto de 1936 quisieron silenciar la voz más viva de la poesía española. No lo consiguieron. Federico García Lorca sigue hablándonos con la misma urgencia con la que hablaba a sus contemporáneos: desde el cante jondo de Granada hasta los rascacielos de Manhattan, desde los patios de la Residencia de Estudiantes hasta el barranco de Víznar. Este número reconstruye ese recorrido completo: al niño de Fuente Vaqueros que soñaba con ser músico, al joven que encontró en Dalí y Buñuel una amistad que le
transformó, al director que llevó el teatro clásico a los pueblos con La Barraca, al poeta que en Nueva York descubrió que el mundo se rompía, y al hombre que, por fin, se atrevió a nombrar el amor que su época condenaba al silencio. Reunimos también la crónica minuciosa de sus últimos días en Granada y el proceso, no me nos fascinante, por el que su asesinato lo convirtió en mito. Lorca fue, ante todo, incómodo: para la derecha que lo fusiló y para cualquier intento posterior de domesticarlo. Ni víctima pura ni bandera fácil, sino un artista que elevó lo popular a la altura de lo culto y que retrató, mejor que nadie, a las mujeres encerradas en la España de su tiempo. Noventa años después, seguimos leyéndolo como si sus versos se hubieran escrito ayer. Y es que a Federico no lo mataron del todo.

Federico García Lorca | Muy Historia Ed. Coleccionista nº 92

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Vida, muerte y leyenda

Noventa años. Casi un siglo desde que unos disparos en la madrugada del 18 de agosto de 1936 quisieron silenciar la voz más viva de la poesía española. No lo consiguieron. Federico García Lorca sigue hablándonos con la misma urgencia con la que hablaba a sus contemporáneos: desde el cante jondo de Granada hasta los rascacielos de Manhattan, desde los patios de la Residencia de Estudiantes hasta el barranco de Víznar. Este número reconstruye ese recorrido completo: al niño de Fuente Vaqueros que soñaba con ser músico, al joven que encontró en Dalí y Buñuel una amistad que le
transformó, al director que llevó el teatro clásico a los pueblos con La Barraca, al poeta que en Nueva York descubrió que el mundo se rompía, y al hombre que, por fin, se atrevió a nombrar el amor que su época condenaba al silencio. Reunimos también la crónica minuciosa de sus últimos días en Granada y el proceso, no me nos fascinante, por el que su asesinato lo convirtió en mito. Lorca fue, ante todo, incómodo: para la derecha que lo fusiló y para cualquier intento posterior de domesticarlo. Ni víctima pura ni bandera fácil, sino un artista que elevó lo popular a la altura de lo culto y que retrató, mejor que nadie, a las mujeres encerradas en la España de su tiempo. Noventa años después, seguimos leyéndolo como si sus versos se hubieran escrito ayer. Y es que a Federico no lo mataron del todo.

Vida, muerte y leyenda

Noventa años. Casi un siglo desde que unos disparos en la madrugada del 18 de agosto de 1936 quisieron silenciar la voz más viva de la poesía española. No lo consiguieron. Federico García Lorca sigue hablándonos con la misma urgencia con la que hablaba a sus contemporáneos: desde el cante jondo de Granada hasta los rascacielos de Manhattan, desde los patios de la Residencia de Estudiantes hasta el barranco de Víznar. Este número reconstruye ese recorrido completo: al niño de Fuente Vaqueros que soñaba con ser músico, al joven que encontró en Dalí y Buñuel una amistad que le
transformó, al director que llevó el teatro clásico a los pueblos con La Barraca, al poeta que en Nueva York descubrió que el mundo se rompía, y al hombre que, por fin, se atrevió a nombrar el amor que su época condenaba al silencio. Reunimos también la crónica minuciosa de sus últimos días en Granada y el proceso, no me nos fascinante, por el que su asesinato lo convirtió en mito. Lorca fue, ante todo, incómodo: para la derecha que lo fusiló y para cualquier intento posterior de domesticarlo. Ni víctima pura ni bandera fácil, sino un artista que elevó lo popular a la altura de lo culto y que retrató, mejor que nadie, a las mujeres encerradas en la España de su tiempo. Noventa años después, seguimos leyéndolo como si sus versos se hubieran escrito ayer. Y es que a Federico no lo mataron del todo.