Buscar

Compartir:

Godos | Muy Historia Ed. Coleccionista Digital nº 76

7,50 €

MÁS ALLÁ DEL MITO.
A menudo imaginamos a los godos como un bloque compacto que irrumpe para derribar el mundo romano. Sin embargo, cuando examinamos sus casi quinientos años de historia, descubrimos un mosaico de grupos e identidades cambiantes difícil de definir, incluso para sus contemporáneos. Lo que sabemos de ellos procede de fuentes latinas y griegas que, la verdad, iluminan y deforman a la vez. De la mano del Catedrático de Historia Antigua por la Universidad de León, Santiago Castellanos, recorremos la trayectoria de los godos desde sus orígenes inciertos, allá por el siglo iii, hasta su desaparición como poder político a comienzos del viii. Asistimos a su enfrentamiento con Roma, al saqueo del 410 y, en paralelo, a los pactos con un Imperio exhausto que aún los necesita para frenar a otros pueblos que cruzan los Pirineos. Los vemos asentarse en la Galia, avanzar por Hispania al servicio de estrategias romanas y, tras la presión franca de Clodoveo, replegarse a la península para forjar el reino visigodo de Toledo. Allí, una minoría guerrera y arriana se adapta a una mayoría hispanorromana católica que acaba imponiendo su modelo político y religioso. Y, sin duda, parte esencial del legado godo son sus reyes, por eso, este viaje por su historia nos lleva desde las primeras identidades hasta Eurico y Alarico II; de la relación con los ostrogodos a la ambición reformadora de Leovigildo; y de la conversión de Recaredo a las leyes, las conjuras y las tensiones que marcaron la vida política del reino. Sin olvidarnos de cuestiones clave como la estructura social, el papel de la aristocracia y una Iglesia que articuló buena parte del poder. Nuestro objetivo es mirar a los godos sin simplificaciones, sabiendo que una amalgama de grupos logró construir un poder duradero en Hispania, pero que de ese mismo proceso afloraron las limitaciones de su propio modelo. Quizá por eso siguen fascinando, porque su historia, lejos de ser lineal, obliga a pensar en un tiempo en el que nada era estable y en el que las identidades se negociaban cada día.

Godos | Muy Historia Ed. Coleccionista Digital nº 76

7,50 €

Compartir:

MÁS ALLÁ DEL MITO.
A menudo imaginamos a los godos como un bloque compacto que irrumpe para derribar el mundo romano. Sin embargo, cuando examinamos sus casi quinientos años de historia, descubrimos un mosaico de grupos e identidades cambiantes difícil de definir, incluso para sus contemporáneos. Lo que sabemos de ellos procede de fuentes latinas y griegas que, la verdad, iluminan y deforman a la vez. De la mano del Catedrático de Historia Antigua por la Universidad de León, Santiago Castellanos, recorremos la trayectoria de los godos desde sus orígenes inciertos, allá por el siglo iii, hasta su desaparición como poder político a comienzos del viii. Asistimos a su enfrentamiento con Roma, al saqueo del 410 y, en paralelo, a los pactos con un Imperio exhausto que aún los necesita para frenar a otros pueblos que cruzan los Pirineos. Los vemos asentarse en la Galia, avanzar por Hispania al servicio de estrategias romanas y, tras la presión franca de Clodoveo, replegarse a la península para forjar el reino visigodo de Toledo. Allí, una minoría guerrera y arriana se adapta a una mayoría hispanorromana católica que acaba imponiendo su modelo político y religioso. Y, sin duda, parte esencial del legado godo son sus reyes, por eso, este viaje por su historia nos lleva desde las primeras identidades hasta Eurico y Alarico II; de la relación con los ostrogodos a la ambición reformadora de Leovigildo; y de la conversión de Recaredo a las leyes, las conjuras y las tensiones que marcaron la vida política del reino. Sin olvidarnos de cuestiones clave como la estructura social, el papel de la aristocracia y una Iglesia que articuló buena parte del poder. Nuestro objetivo es mirar a los godos sin simplificaciones, sabiendo que una amalgama de grupos logró construir un poder duradero en Hispania, pero que de ese mismo proceso afloraron las limitaciones de su propio modelo. Quizá por eso siguen fascinando, porque su historia, lejos de ser lineal, obliga a pensar en un tiempo en el que nada era estable y en el que las identidades se negociaban cada día.

MÁS ALLÁ DEL MITO.
A menudo imaginamos a los godos como un bloque compacto que irrumpe para derribar el mundo romano. Sin embargo, cuando examinamos sus casi quinientos años de historia, descubrimos un mosaico de grupos e identidades cambiantes difícil de definir, incluso para sus contemporáneos. Lo que sabemos de ellos procede de fuentes latinas y griegas que, la verdad, iluminan y deforman a la vez. De la mano del Catedrático de Historia Antigua por la Universidad de León, Santiago Castellanos, recorremos la trayectoria de los godos desde sus orígenes inciertos, allá por el siglo iii, hasta su desaparición como poder político a comienzos del viii. Asistimos a su enfrentamiento con Roma, al saqueo del 410 y, en paralelo, a los pactos con un Imperio exhausto que aún los necesita para frenar a otros pueblos que cruzan los Pirineos. Los vemos asentarse en la Galia, avanzar por Hispania al servicio de estrategias romanas y, tras la presión franca de Clodoveo, replegarse a la península para forjar el reino visigodo de Toledo. Allí, una minoría guerrera y arriana se adapta a una mayoría hispanorromana católica que acaba imponiendo su modelo político y religioso. Y, sin duda, parte esencial del legado godo son sus reyes, por eso, este viaje por su historia nos lleva desde las primeras identidades hasta Eurico y Alarico II; de la relación con los ostrogodos a la ambición reformadora de Leovigildo; y de la conversión de Recaredo a las leyes, las conjuras y las tensiones que marcaron la vida política del reino. Sin olvidarnos de cuestiones clave como la estructura social, el papel de la aristocracia y una Iglesia que articuló buena parte del poder. Nuestro objetivo es mirar a los godos sin simplificaciones, sabiendo que una amalgama de grupos logró construir un poder duradero en Hispania, pero que de ese mismo proceso afloraron las limitaciones de su propio modelo. Quizá por eso siguen fascinando, porque su historia, lejos de ser lineal, obliga a pensar en un tiempo en el que nada era estable y en el que las identidades se negociaban cada día.