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Isabel la Católica | Muy Historia Ed. Coleccionista Digital nº 84

7,50 

Reina de reinas.
Hay reinas que nacen para serlo. Isabel no fue una de ellas. Era la segunda hija de un rey enfermo, criada lejos de la corte en el austero castillo de Arévalo, sin trono a la vista y sin nadie que apostara por ella. Sin embargo, el siglo xv ibérico —convulso, quebrado, lleno de nobleza levantisca y monarquías tambaleantes— fue construyendo, casi sin proponérselo, el camino que la llevaría hasta la corona de Castilla. La muerte prematura de su hermano Alfonso, la debilidad de Enrique IV, las guerras civiles que desangraban el reino: cada crisis fue, paradójicamente, un peldaño en su camino hacia el trono. Isabel no esperó a que el destino llamara a su puerta. Aprendió a abrirla antes de que llegara. Esta revista es una reivindicación porque, cuando se habla de grandes reinas de la historia, surgen otros nombres, con frecuencia el de Isabel I de Inglaterra. Curioso porque la reina británica, que llegó al poder cuarenta y cuatro años después que la castellana, heredó un reino pequeño y periférico, y gobernó sin lo que Isabel ya había construido: la unión de coronas, la toma de Granada, el descubrimiento de América y los primeros atisbos de derechos universales nacidos al calor de las Leyes de Indias. Cuando Isabel moría en Medina del Campo en 1504, Inglaterra no era aún nada comparada con la potencia que la unión de los reinos de Castilla y Aragón habían comenzado a ser. Isabel fue pionera, estratega y, en muchos sentidos, la primera reina moderna de Europa. A lo largo de estas páginas, once especialistas reconstruyen su figura desde ángulos distintos: la corte, el poder, la familia, la guerra, el Nuevo Mundo, la fe y la muerte. Juntos dibujan el retrato de una mujer que no nació para reinar y que, precisamente por eso, reinó como nadie.

Isabel la Católica | Muy Historia Ed. Coleccionista Digital nº 84

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Reina de reinas.
Hay reinas que nacen para serlo. Isabel no fue una de ellas. Era la segunda hija de un rey enfermo, criada lejos de la corte en el austero castillo de Arévalo, sin trono a la vista y sin nadie que apostara por ella. Sin embargo, el siglo xv ibérico —convulso, quebrado, lleno de nobleza levantisca y monarquías tambaleantes— fue construyendo, casi sin proponérselo, el camino que la llevaría hasta la corona de Castilla. La muerte prematura de su hermano Alfonso, la debilidad de Enrique IV, las guerras civiles que desangraban el reino: cada crisis fue, paradójicamente, un peldaño en su camino hacia el trono. Isabel no esperó a que el destino llamara a su puerta. Aprendió a abrirla antes de que llegara. Esta revista es una reivindicación porque, cuando se habla de grandes reinas de la historia, surgen otros nombres, con frecuencia el de Isabel I de Inglaterra. Curioso porque la reina británica, que llegó al poder cuarenta y cuatro años después que la castellana, heredó un reino pequeño y periférico, y gobernó sin lo que Isabel ya había construido: la unión de coronas, la toma de Granada, el descubrimiento de América y los primeros atisbos de derechos universales nacidos al calor de las Leyes de Indias. Cuando Isabel moría en Medina del Campo en 1504, Inglaterra no era aún nada comparada con la potencia que la unión de los reinos de Castilla y Aragón habían comenzado a ser. Isabel fue pionera, estratega y, en muchos sentidos, la primera reina moderna de Europa. A lo largo de estas páginas, once especialistas reconstruyen su figura desde ángulos distintos: la corte, el poder, la familia, la guerra, el Nuevo Mundo, la fe y la muerte. Juntos dibujan el retrato de una mujer que no nació para reinar y que, precisamente por eso, reinó como nadie.

Reina de reinas.
Hay reinas que nacen para serlo. Isabel no fue una de ellas. Era la segunda hija de un rey enfermo, criada lejos de la corte en el austero castillo de Arévalo, sin trono a la vista y sin nadie que apostara por ella. Sin embargo, el siglo xv ibérico —convulso, quebrado, lleno de nobleza levantisca y monarquías tambaleantes— fue construyendo, casi sin proponérselo, el camino que la llevaría hasta la corona de Castilla. La muerte prematura de su hermano Alfonso, la debilidad de Enrique IV, las guerras civiles que desangraban el reino: cada crisis fue, paradójicamente, un peldaño en su camino hacia el trono. Isabel no esperó a que el destino llamara a su puerta. Aprendió a abrirla antes de que llegara. Esta revista es una reivindicación porque, cuando se habla de grandes reinas de la historia, surgen otros nombres, con frecuencia el de Isabel I de Inglaterra. Curioso porque la reina británica, que llegó al poder cuarenta y cuatro años después que la castellana, heredó un reino pequeño y periférico, y gobernó sin lo que Isabel ya había construido: la unión de coronas, la toma de Granada, el descubrimiento de América y los primeros atisbos de derechos universales nacidos al calor de las Leyes de Indias. Cuando Isabel moría en Medina del Campo en 1504, Inglaterra no era aún nada comparada con la potencia que la unión de los reinos de Castilla y Aragón habían comenzado a ser. Isabel fue pionera, estratega y, en muchos sentidos, la primera reina moderna de Europa. A lo largo de estas páginas, once especialistas reconstruyen su figura desde ángulos distintos: la corte, el poder, la familia, la guerra, el Nuevo Mundo, la fe y la muerte. Juntos dibujan el retrato de una mujer que no nació para reinar y que, precisamente por eso, reinó como nadie.