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La Armada Invencible | Muy Historia Ed. Coleccionista Digital nº 67

7,50 €

GLORIA, NAUFRAGIO Y LEYENDA En el verano de 1588, Felipe II envió al mar la que sería conocida como la Grande y Felicísima Armada, con el objetivo de invadir Inglaterra y destronar a Isabel I. Aquella operación naval, una de las más ambiciosas de la historia moderna, fue ante todo el reflejo del gran conflicto religioso, político y marítimo que dividía Europa en el siglo xvi. El Imperio español, hegemónico en gran parte del mundo conocido, aspiraba a restaurar el catolicismo en Inglaterra y frenar las incursiones piratas y la amenaza protestante. La Armada fue concebida como una fuerza combinada de mar y tierra. Al mando estaba el duque de Medina Sidonia, un aristócrata leal, pero sin experiencia naval, que debía enlazar con las tropas de Alejandro Farnesio, gobernador de los Países Bajos. El plan, sin embargo, naufragó entre errores de coordinación, decisiones apresuradas y una feroz respuesta de la flota inglesa, comandada por figuras tan célebres como Francis Drake y Charles Howard. Las inclemencias del Atlántico Norte hicieron el resto. De los aproximadamente 130 barcos que partieron, solo regresaron a España poco más de la mitad. La derrota no supuso el fin del poder naval español, pero sí marcó un cambio simbólico en la percepción del Imperio: la «Invencible» se convirtió en una figura paradójica, ensalzada por unos y denostada por otros. La leyenda negra, el romanticismo del desastre y la propaganda de época han hecho de la Armada Invencible un capítulo fascinante y contradictorio, paradoja de la que no huimos en esta revista de Muy Historia, en la que damos espacio a las diversas voces sobre ella, porque ni fue tan invencible como su nombre sugiere, ni tan catastrófica como se ha querido mostrar. Fue, sobre todo, el reflejo de un tiempo en el que el viento, la fe y la política cruzaban espadas en los océanos. Un episodio que, más allá del naufragio, sigue surcando la historia. Disfruta de la lectura.

La Armada Invencible | Muy Historia Ed. Coleccionista Digital nº 67

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GLORIA, NAUFRAGIO Y LEYENDA En el verano de 1588, Felipe II envió al mar la que sería conocida como la Grande y Felicísima Armada, con el objetivo de invadir Inglaterra y destronar a Isabel I. Aquella operación naval, una de las más ambiciosas de la historia moderna, fue ante todo el reflejo del gran conflicto religioso, político y marítimo que dividía Europa en el siglo xvi. El Imperio español, hegemónico en gran parte del mundo conocido, aspiraba a restaurar el catolicismo en Inglaterra y frenar las incursiones piratas y la amenaza protestante. La Armada fue concebida como una fuerza combinada de mar y tierra. Al mando estaba el duque de Medina Sidonia, un aristócrata leal, pero sin experiencia naval, que debía enlazar con las tropas de Alejandro Farnesio, gobernador de los Países Bajos. El plan, sin embargo, naufragó entre errores de coordinación, decisiones apresuradas y una feroz respuesta de la flota inglesa, comandada por figuras tan célebres como Francis Drake y Charles Howard. Las inclemencias del Atlántico Norte hicieron el resto. De los aproximadamente 130 barcos que partieron, solo regresaron a España poco más de la mitad. La derrota no supuso el fin del poder naval español, pero sí marcó un cambio simbólico en la percepción del Imperio: la «Invencible» se convirtió en una figura paradójica, ensalzada por unos y denostada por otros. La leyenda negra, el romanticismo del desastre y la propaganda de época han hecho de la Armada Invencible un capítulo fascinante y contradictorio, paradoja de la que no huimos en esta revista de Muy Historia, en la que damos espacio a las diversas voces sobre ella, porque ni fue tan invencible como su nombre sugiere, ni tan catastrófica como se ha querido mostrar. Fue, sobre todo, el reflejo de un tiempo en el que el viento, la fe y la política cruzaban espadas en los océanos. Un episodio que, más allá del naufragio, sigue surcando la historia. Disfruta de la lectura.

GLORIA, NAUFRAGIO Y LEYENDA En el verano de 1588, Felipe II envió al mar la que sería conocida como la Grande y Felicísima Armada, con el objetivo de invadir Inglaterra y destronar a Isabel I. Aquella operación naval, una de las más ambiciosas de la historia moderna, fue ante todo el reflejo del gran conflicto religioso, político y marítimo que dividía Europa en el siglo xvi. El Imperio español, hegemónico en gran parte del mundo conocido, aspiraba a restaurar el catolicismo en Inglaterra y frenar las incursiones piratas y la amenaza protestante. La Armada fue concebida como una fuerza combinada de mar y tierra. Al mando estaba el duque de Medina Sidonia, un aristócrata leal, pero sin experiencia naval, que debía enlazar con las tropas de Alejandro Farnesio, gobernador de los Países Bajos. El plan, sin embargo, naufragó entre errores de coordinación, decisiones apresuradas y una feroz respuesta de la flota inglesa, comandada por figuras tan célebres como Francis Drake y Charles Howard. Las inclemencias del Atlántico Norte hicieron el resto. De los aproximadamente 130 barcos que partieron, solo regresaron a España poco más de la mitad. La derrota no supuso el fin del poder naval español, pero sí marcó un cambio simbólico en la percepción del Imperio: la «Invencible» se convirtió en una figura paradójica, ensalzada por unos y denostada por otros. La leyenda negra, el romanticismo del desastre y la propaganda de época han hecho de la Armada Invencible un capítulo fascinante y contradictorio, paradoja de la que no huimos en esta revista de Muy Historia, en la que damos espacio a las diversas voces sobre ella, porque ni fue tan invencible como su nombre sugiere, ni tan catastrófica como se ha querido mostrar. Fue, sobre todo, el reflejo de un tiempo en el que el viento, la fe y la política cruzaban espadas en los océanos. Un episodio que, más allá del naufragio, sigue surcando la historia. Disfruta de la lectura.