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Más de 30 bañadores y bikinis | Marie Claire nº 465 agosto2026

4,99 

Hay existencias

AGOSTO, AL FIN.
Terminamos julio con la batería baja. Echamos la vista atrás orgullosas de haber sorteado, un año más, todas esas carreras de obstáculos que se han ido acumulando mesa mes, y con la vista puesta en las semanas, los días o, quizá, las horas que nos separan de nuestra meta: las vacaciones. Porque, especialmente cuando se es mujer, el agotamiento tiene muchos apellidos. No lo provoca únicamente el trabajo. También pesa llevar al día las agendas escolares de nuestros hijos, recordar las citas médicas, organizar cumpleaños, hacer la compra, pensar qué se va a comer cada día, resolver los imprevistos de última hora, estar pendiente de papá o mamá cuando la edad hace que necesiten cada vez más ayuda… Todo suma. Todo cansa. Y todo explica por qué llegamos al verano con tantas ganas de hacer una pausa. Quizá por eso vivimos agosto con una ilusión especial. Empezamos a imaginar los días de playa, las escapadas improvisadas, las terrazas al atardecer o las sobremesas que se alargan sin mirar el reloj. Escogemos con cariño las prendas que marcarán nuestro estilo bajo el sol, el bañador que estrenaremos en la primera escapada, las sandalias que nos acompañarán durante todo el mes, los productos con los que mimaremos nuestra piel y nuestro cabello, el perfume que siempre nos recordará este verano o ese libro que lleva meses esperando en la mesilla. Todo parece diferente cuando llega agosto. Es como si la vida aflojara el ritmo y, durante unas semanas, nos concediera permiso para reconectar con nosotras mismas. Con lo que realmente nos gusta hacer. Con las personas a las que queremos dedicar tiempo. Con aquello que nos hace felices y que, durante el resto del año, solemos relegar al último lugar de la lista. Ojalá este verano sea precisamente eso: un tiempo para bajar las pulsaciones, respirar hondo, recuperar la energía y volver a escucharte. Porque descansar no es un premio, es una necesidad y una forma de cuidarnos. Disfruta del verano.

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AGOSTO, AL FIN.
Terminamos julio con la batería baja. Echamos la vista atrás orgullosas de haber sorteado, un año más, todas esas carreras de obstáculos que se han ido acumulando mesa mes, y con la vista puesta en las semanas, los días o, quizá, las horas que nos separan de nuestra meta: las vacaciones. Porque, especialmente cuando se es mujer, el agotamiento tiene muchos apellidos. No lo provoca únicamente el trabajo. También pesa llevar al día las agendas escolares de nuestros hijos, recordar las citas médicas, organizar cumpleaños, hacer la compra, pensar qué se va a comer cada día, resolver los imprevistos de última hora, estar pendiente de papá o mamá cuando la edad hace que necesiten cada vez más ayuda… Todo suma. Todo cansa. Y todo explica por qué llegamos al verano con tantas ganas de hacer una pausa. Quizá por eso vivimos agosto con una ilusión especial. Empezamos a imaginar los días de playa, las escapadas improvisadas, las terrazas al atardecer o las sobremesas que se alargan sin mirar el reloj. Escogemos con cariño las prendas que marcarán nuestro estilo bajo el sol, el bañador que estrenaremos en la primera escapada, las sandalias que nos acompañarán durante todo el mes, los productos con los que mimaremos nuestra piel y nuestro cabello, el perfume que siempre nos recordará este verano o ese libro que lleva meses esperando en la mesilla. Todo parece diferente cuando llega agosto. Es como si la vida aflojara el ritmo y, durante unas semanas, nos concediera permiso para reconectar con nosotras mismas. Con lo que realmente nos gusta hacer. Con las personas a las que queremos dedicar tiempo. Con aquello que nos hace felices y que, durante el resto del año, solemos relegar al último lugar de la lista. Ojalá este verano sea precisamente eso: un tiempo para bajar las pulsaciones, respirar hondo, recuperar la energía y volver a escucharte. Porque descansar no es un premio, es una necesidad y una forma de cuidarnos. Disfruta del verano.

AGOSTO, AL FIN.
Terminamos julio con la batería baja. Echamos la vista atrás orgullosas de haber sorteado, un año más, todas esas carreras de obstáculos que se han ido acumulando mesa mes, y con la vista puesta en las semanas, los días o, quizá, las horas que nos separan de nuestra meta: las vacaciones. Porque, especialmente cuando se es mujer, el agotamiento tiene muchos apellidos. No lo provoca únicamente el trabajo. También pesa llevar al día las agendas escolares de nuestros hijos, recordar las citas médicas, organizar cumpleaños, hacer la compra, pensar qué se va a comer cada día, resolver los imprevistos de última hora, estar pendiente de papá o mamá cuando la edad hace que necesiten cada vez más ayuda… Todo suma. Todo cansa. Y todo explica por qué llegamos al verano con tantas ganas de hacer una pausa. Quizá por eso vivimos agosto con una ilusión especial. Empezamos a imaginar los días de playa, las escapadas improvisadas, las terrazas al atardecer o las sobremesas que se alargan sin mirar el reloj. Escogemos con cariño las prendas que marcarán nuestro estilo bajo el sol, el bañador que estrenaremos en la primera escapada, las sandalias que nos acompañarán durante todo el mes, los productos con los que mimaremos nuestra piel y nuestro cabello, el perfume que siempre nos recordará este verano o ese libro que lleva meses esperando en la mesilla. Todo parece diferente cuando llega agosto. Es como si la vida aflojara el ritmo y, durante unas semanas, nos concediera permiso para reconectar con nosotras mismas. Con lo que realmente nos gusta hacer. Con las personas a las que queremos dedicar tiempo. Con aquello que nos hace felices y que, durante el resto del año, solemos relegar al último lugar de la lista. Ojalá este verano sea precisamente eso: un tiempo para bajar las pulsaciones, respirar hondo, recuperar la energía y volver a escucharte. Porque descansar no es un premio, es una necesidad y una forma de cuidarnos. Disfruta del verano.