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Neurociencia para un cerebro joven | Muy Interesante Ed. Coleccionista nº 70

9,99 

Hay existencias

Cómo retrasar tu reloj cerebral.
Durante mucho tiempo hemos pensado en la juventud como una cuestión de calendario, pero el cerebro va por libre en esto de cumplir años; tiene su propio reloj interno y puede envejecer antes o después que el resto del cuerpo. ¡Fascinante! Otra sorpresa más de esa máquina increíble que es nuestro cerebro. Pero, entonces, ¿qué edad tiene realmente? La ciencia —con un papel destacado de la neurociencia— empieza a darnos respuestas cada vez más precisas a esta pregunta. Sabemos que el cerebro es un órgano plástico, cambiante, profundamente influido por lo que hacemos o no hacemos en nuestro día a día. En este sentido, el neurocientífico Marc Milstein nos asegura que —aunque procesos silenciosos como la inflamación, la resistencia a la insulina o la falta de sueño dejan huellas microscópicas que, con el tiempo, pueden traducirse en pérdida de memoria, deterioro cognitivo o enfermedad— con ciertos cambios de hábitos podemos retrasar el envejecimiento del cerebro a nivel neuronal y conservar la memoria durante más tiempo. Moverse no solo fortalece los músculos: activa mecanismos de limpieza cerebral. Aprender
algo nuevo no es un pasatiempo, es una forma de rejuvenecer las conexiones neuronales. Dormir bien no es un lujo, es una necesidad biológica para fijar recuerdos y mantener la mente flexible. Comer es también una decisión cerebral, igual que cuidar el entorno químico y emocional en el que vivimos. Incluso el estrés, ese enemigo silencioso, puede convertirse en un aliado cuando se entiende y se gestiona. La moderna neurociencia nos encamina hacia una idea clara: la verdadera juventud consiste en conservar la capacidad de aprender, de emocionarse, de sociabilizar y de cambiar. Y en esto, los hábitos cotidianos pueden marcar grandes diferencias a largo plazo. Retrasar el reloj cerebral es posible. Vamos a ver cómo.

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Durante mucho tiempo hemos pensado en la juventud como una cuestión de calendario, pero el cerebro va por libre en esto de cumplir años; tiene su propio reloj interno y puede envejecer antes o después que el resto del cuerpo. ¡Fascinante! Otra sorpresa más de esa máquina increíble que es nuestro cerebro. Pero, entonces, ¿qué edad tiene realmente? La ciencia —con un papel destacado de la neurociencia— empieza a darnos respuestas cada vez más precisas a esta pregunta. Sabemos que el cerebro es un órgano plástico, cambiante, profundamente influido por lo que hacemos o no hacemos en nuestro día a día. En este sentido, el neurocientífico Marc Milstein nos asegura que —aunque procesos silenciosos como la inflamación, la resistencia a la insulina o la falta de sueño dejan huellas microscópicas que, con el tiempo, pueden traducirse en pérdida de memoria, deterioro cognitivo o enfermedad— con ciertos cambios de hábitos podemos retrasar el envejecimiento del cerebro a nivel neuronal y conservar la memoria durante más tiempo. Moverse no solo fortalece los músculos: activa mecanismos de limpieza cerebral. Aprender
algo nuevo no es un pasatiempo, es una forma de rejuvenecer las conexiones neuronales. Dormir bien no es un lujo, es una necesidad biológica para fijar recuerdos y mantener la mente flexible. Comer es también una decisión cerebral, igual que cuidar el entorno químico y emocional en el que vivimos. Incluso el estrés, ese enemigo silencioso, puede convertirse en un aliado cuando se entiende y se gestiona. La moderna neurociencia nos encamina hacia una idea clara: la verdadera juventud consiste en conservar la capacidad de aprender, de emocionarse, de sociabilizar y de cambiar. Y en esto, los hábitos cotidianos pueden marcar grandes diferencias a largo plazo. Retrasar el reloj cerebral es posible. Vamos a ver cómo.

Cómo retrasar tu reloj cerebral.
Durante mucho tiempo hemos pensado en la juventud como una cuestión de calendario, pero el cerebro va por libre en esto de cumplir años; tiene su propio reloj interno y puede envejecer antes o después que el resto del cuerpo. ¡Fascinante! Otra sorpresa más de esa máquina increíble que es nuestro cerebro. Pero, entonces, ¿qué edad tiene realmente? La ciencia —con un papel destacado de la neurociencia— empieza a darnos respuestas cada vez más precisas a esta pregunta. Sabemos que el cerebro es un órgano plástico, cambiante, profundamente influido por lo que hacemos o no hacemos en nuestro día a día. En este sentido, el neurocientífico Marc Milstein nos asegura que —aunque procesos silenciosos como la inflamación, la resistencia a la insulina o la falta de sueño dejan huellas microscópicas que, con el tiempo, pueden traducirse en pérdida de memoria, deterioro cognitivo o enfermedad— con ciertos cambios de hábitos podemos retrasar el envejecimiento del cerebro a nivel neuronal y conservar la memoria durante más tiempo. Moverse no solo fortalece los músculos: activa mecanismos de limpieza cerebral. Aprender
algo nuevo no es un pasatiempo, es una forma de rejuvenecer las conexiones neuronales. Dormir bien no es un lujo, es una necesidad biológica para fijar recuerdos y mantener la mente flexible. Comer es también una decisión cerebral, igual que cuidar el entorno químico y emocional en el que vivimos. Incluso el estrés, ese enemigo silencioso, puede convertirse en un aliado cuando se entiende y se gestiona. La moderna neurociencia nos encamina hacia una idea clara: la verdadera juventud consiste en conservar la capacidad de aprender, de emocionarse, de sociabilizar y de cambiar. Y en esto, los hábitos cotidianos pueden marcar grandes diferencias a largo plazo. Retrasar el reloj cerebral es posible. Vamos a ver cómo.